La buhardilla de Chamartín




21.4.06

Vida cotidiana

la curva

La curva antes de cruzar el puente, me muestra el cielo, las nubes, una hilera de árboles de hojas verdes y la sombra de la nieve en las montañas, a lo lejos.

Después cruzo el puente. Encuentro otras cosas.

Hay un antes y un después de esa curva, que se renueva cada tarde.

19.4.06

Stop

calma

Hace un año, cuando todavía vivía en Zaragoza, una amiga que vino a visitarme, me decía que le gustaba la ciudad, sobretodo porque era imposible dispersarse, era una ciudad que invitaba al recogimiento.
Entonces, creí comprenderla, pero me pareció que no más que en otras ciudades, quizá por tener bastante olvidada Barcelona, no encontraba del todo la diferencia.

Ahora que estoy aquí, en Madrid, desde hace un par de meses, me doy cuenta de que no he parado de correr, de un sitio para otro, desde que llegué.

Sin tiempo para sentarme a escribir, en la Buhardilla, un ratito.

Sin tiempo para la melancolía, o para tumbarme en la cama con las piernas en alto, a ver pasar las horas.

Sin tiempo para dormir, como hacía en Zaragoza, hasta oír las campanadas de la Basílica del Pilar.

En la Buhardilla no se oyen campanas, ni vecinos, ni perros.

En la Buhardilla no se oye un alma, hasta que yo despierto, y la lleno de música.

Por eso hoy, aunque es tarde, se me hace tarde, y todavía no he empezado siquiera mi maratón diaria.

Hoy decido pararme aquí. Recuperar mi ritmo.

Aunque me sienta más pequeña en esta ciudad tan grande.

No es necesario correr, sólo me lo parecía.

9.4.06

Esperanzas

no tapar

Aquí en Madrid estoy haciendo algunas cosas por primera vez.

La semana pasada visité el hipódromo.

Mañana voy a hacer una excursión a Móstoles.

Y empiezo a confiar en mi misma, a confiar de verdad, aunque a veces me duela un poco en la parte izquierda de la espalda.

Supongo que el símbolo chino, que hay colgado en el gabinete terapéutico que está frente a mi puerta, tiene mucho que ver.

Significa precisamente eso: CONFIANZA

Es lo primero que veo, todos los días, al salir de casa.

1.4.06

Madrid la nuit...

night

Cuando cae la noche, nos vamos a comer pescado crudo al Don Zoko.

Después bebemos unas copas en el Café Central, mientras un gato egipcio toca el piano, bajo un foco amarillo.

Tomamos el bus. N1 dirección Colombia.

Y nos adentramos en La Reina de Cuba.

Allí los músicos tocan durante más de una hora.

El teclado, la percusión, la trompeta...

Cuando suena la trompeta, siento la música recorrer mi cuerpo desde la planta de los pies, hasta el eje de la cintura, y me sacude, me quiebra, me mata.

Ahora mismo, en realidad, estoy muerta.

Soy el espectro de la salsa.

El espíritu mismo, de la Reina de Cuba.

TODA LA SALA QUEDÓ SUMIDA EN UN PROFUNDO ÉXTASIS.

Mañana volvemos. Seguro.