La buhardilla de Chamartín




12.6.06

O como se diría vulgarmente: Tengo la picha hecha un lío.



Es gracioso, en cuatro días, haciendo el mismo camino, ya me había formado una rutina.
Como no soporto la rutina, al quinto día, me puse a buscar, por todos los rincones, el momento especial, el objeto fuera de lugar, que me sacara de ella.

Pero que no me sacara para siempre. La rutina es cómoda.

Como ese coche antiguo, que pertenece al pasado. Consiguió que por un instante, tomara consciencia de donde estaba, y en que momento.


De repente un día, me quedé sin trabajo (de nuevo), y la rutina desapareció por completo.

Y por momentos me siento realmente bien, como nunca, libre, realizada, completa, orgullosa de mi valentía.
Son agradables, esos momentos.
También hay ocasiones, sobretodo en contacto con otros, en que me avergüenzo, de mi actitud infantil. No sé por qué absurda razón, siempre me parece que los demás, son más adultos que yo.
A los 18 era comprensible ¡Pero a los 30!

En esos momentos de inseguridad, me gustaría tener una etiqueta, para mostrar al mundo.

Soy esto (léase, la etiqueta). Ahora dejarme tranquila.

Pero cuando me siento fuerte. Ay, cuando me siento fuerte... entonces me alegro, secretamente, por mantenerme indescriptible.